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Telas artificiales

PROBLEMA: Telas artificiales

Las fibras sintéticas como el nylon, el poliéster y el acrílico están hechas de termoplásticos, que desprenden moléculas de plástico gasificadas cuando se calientan.1 Cada vez que usted usa su camisa favorita que no se arruga, está respirando plástico.

A las telas sintéticas suelen agregarse perfluoroquímicos (PFC), incluido el aditivo antiadherente Teflonâ, para incrementar su durabilidad, además de hacerlas resistentes a las manchas y a las arrugas. Los PFC persisten en el medio ambiente, y se han encontrado en la sangre de animales y seres humanos de todo el mundo.2 Como muchas otras toxinas en el hogar, con el paso del tiempo, los PFC se acumulan en el organismo  en concentraciones mucho más elevadas de las que experimentaría en un solo encuentro con una tela resistente a las manchas.

Si alguna de las prendas de su armario es de una mezcla de poliéster y algodón, es probable que haya sido tratada con formaldehido, y es muy probable que la hayan suavizado con sustancias químicas como el amoniaco.3 Casi todos los poliésteres se producen con antimonio, cancerígeno tóxico para el corazón, los pulmones, el hígado y la piel.4 Y la próxima vez que trate de decidir qué color le va mejor, recuerde que muchos colorantes y blanqueadores para textiles contienen metales pesados, como cadmio y cromo.

El cloruro de polivinilo (PVC),  ampliamente conocido como uno de los plásticos más peligrosos y que suele utilizarse como sustituto de la piel, normalmente se hace más flexible con plastificadores tóxicos, casi siempre ftalatos, de los que se sabe que causan problemas endocrinos.