Para ver nuestras soluciones simples, elija una opción a continuación:

Entrar

Registrarse

Dispositivos inalámbricos

PROBLEMA: Los teléfonos celulares, Wi-Fi y otros dispositivos inalámbricos

La industria de los teléfonos celulares nació en la década de 1980. Inicialmente se desarrolló para el ejército de Estados Unidos y en un principio estos dispositivos nunca se sometieron a pruebas de seguridad. Al traer los teléfonos celulares al mercado, el argumento de la industria de exclusión por baja intensidad—la creencia de que la radiación del teléfono celular no producía un calentamiento térmico— le permitió a la industria estar exenta ampliamente de la supervisión reglamentaria.1

Los usuarios de teléfonos celulares están expuestos a niveles intensos de radiación de radiofrecuencia (RF) que son significativamente más altos que los que se encuentran en el ambiente en general. Esto se debe principalmente a que los dispositivos se operan cerca de la cabeza y depositan una gran cantidad de energía directamente en el cerebro. Un teléfono celular es en principio un radio que envía señales de radiofrecuencia a una estación base distante, lo mismo que a su sistema nervioso central. Los teléfonos celulares generan dos tipos de señales: una señal de campo  cercano y una señal de campo lejano. La que es causa de preocupación es la señal de campo cercano, dado que se genera de 10 a 12 centímetros de la antena del teléfono. Penetra fácilmente a los tejidos del cerebro y de otros órganos, como el hueso de la cadera, donde se produce el 80% de las células de la sangre del cuerpo.

Casi veinte años después de que se introdujo la comunicación celular al mercado mundial, estamos llegando al final del periodo de latencia para que aparezcan los cánceres, y la evidencia científica rápidamente sienta las bases de que el uso del teléfono celular se relaciona con el desarrollo de efectos negativos graves para la salud. Recientemente los investigadores suecos descubrieron una reducción sorprendente y sistemática en la salud general de la población que coincidía con la instalación de las torres de comunicación celular y con el uso de los teléfonos celulares en todo el país.2,3 En otros hallazgos recientes, los científicos han identificado tumores cerebrales y otros cánceres,4,5,6 alteraciones de la expresión de genes y daño genético,7,8,9 cambios negativos en el sistema nervioso central,10,11,12 anormalidades neurológicas,13,14,15 y trastornos inmunológicos.16,17,18

La llegada de la comunicación celular ha traído las microondas del cielo al nivel de la calle, integrando estos potentes campos electromagnéticos a nuestro ambiente, algo que es totalmente extraño para nuestro cuerpo. Se asume que el cuerpo responde a estos campos de energía como con los patógenos invasores, estableciendo una cascada de reacciones bioquímicas que ocasionan la liberación de los nocivos radicales libres, alteran la barrera sangre-cerebro, ponen en marcha respuestas inflamatorias crónicas y perturban la comunicación intercelular. Los efectos de otros dispositivos inalámbricos de comunicación, como el Wi-Fi, se cree que son similares, puesto que estos dispositivos también emiten señales de microondas dentro de las mismas radiofrecuencias que los teléfonos celulares.19